La sociedad debe implicarse en la lucha contra la violencia machista

Cuatro mujeres muertas a manos de sus compañeros en 21 días en Catalunya

Cuatro mujeres muertas a manos de sus compañeros en 21 días en Catalunya. Ese elevado número de víctimas de violencia machista suma, a ocho días del final de enero, frente a las once registradas en todo el pasado año en Catalunya. Encontrar una explicación a esta escalada de violencia no es tarea fácil ni para los expertos que analizan estos crímenes. Muertes que, además, se perpetran cuando la sociedad rechaza, como nunca lo había hecho, esos comportamientos. Se plantean muchas preguntas: ¿cómo se puede luchar contra esos crímenes? ¿Estamos ante un problema colectivo o un drama personal? ¿Qué papel tiene la educación a la hora de prevenir los malos tratos? ¿Por qué muchas mujeres vuelven a vivir con sus verdugos? ¿Por qué la mayoría de los asesinos se entregan o se matan tras cometer el crimen? ¿Les da igual la pena que se les pueda imponer?

ORIGEN
Un problema individual que incumbe a toda la sociedad

La mayoría de los expertos coinciden a la hora de afirmar que la violencia machista nunca puede considerarse como un problema individual. Sostienen que sería falso decir que la muerte de esas mujeres a manos de sus compañeros es "monocausal". La violencia machista es, por lo tanto, "pluricausal". Son muchos los factores que intervienen en esas conductas. O dicho de otra forma, este es un problema de todos y, por lo tanto, su solución compete a toda la sociedad.

EDUCACIÓN
Atajar el problema a edades muy tempranas

Inmaculada Aroca, profesora de Conductas Delictivas de la Universitat de València y experta en temas de violencia, considera que entre los 13 y 18 años es la edad ideal para las campañas de prevención. "Empiezan las relaciones de pareja y si en ese momento se acierta con la educación evitaremos que algunos de esos escolares sean, en edad adulta, unos maltratadores". Es lo que Aroca llama prevención primaria. Pero nunca hay que olvidar, alertan algunos antropólogos, que muchos patrones o ejemplos que animan a esas conductas llegan por muchas vías. Desde esta visión más amplia se considera la violencia machista como un problema sociocultural. Y cortar todos los grifos de los que puede beber un futuro maltratador es prácticamente imposible.

PERFILES
Una violencia transversal y sin patrones de vida iguales

Si la violencia machista pudiese acotarse a un perfil concreto, en lo que respecta a sus protagonistas, las medidas de prevención serían más eficaces. Pero la mujer maltratada, y el hombre que insulta, pega o mata, tal como reflejan las estadísticas policiales, son de orígenes dispares, no coinciden sus estudios, ni educación y tampoco tienen ingresos económicos similares o modos de vida parecidos. La violencia machista es un drama en todas las escalas sociales. Y eso impide centrar las campañas a perfiles concretos y obliga a plantearlas como un problema que afecta a toda la sociedad, con lo que el mensaje, admiten los expertos, llega más difuminado.

DEPENDENCIA
El agresor fía su autoestima al poder sobre la víctima

En la mayoría de los cuatro casos de violencia machista registrados en Catalunya en sólo 21 días se ha repetido, sin embargo, un patrón que sí suele coincidir en el caso de los agresores. Lo explica Inmaculada Aroca, tras examinar esos crímenes. Su conclusión es que buena parte de estos asesinos "son dependientes". Su autoestima y fuerza se basa en el poder que tienen sobre su pareja. "Y cuando la matan, ya no son nadie", añade esta profesora de la Universitat de València.

CASTIGO PENAL
El asesino raras veces piensa en la futura condena

La ley es, hoy, mucho más dura que años atrás. El Código Penal ha endurecido las condenas para los crímenes machistas. Pero esto no se ha traducido en una reducción de los asesinatos. Al maltratador parece no importarle la factura que va a pagar por su agresión. De hecho, la mayoría tiene pensado ya otro final. Asesinada la mujer y perdida la autoestima o el poder ejercido, a veces durante años, sobre la pareja, a ese maltratador, reitera Inmaculada Aroca, "ya no le queda nada". Y el final de ese asesino se repite. Unos se suicidan –es el caso del vecino de Santa Coloma de Queralt, que saltó por el hueco de la escalera de su casa– y otros llaman segundos después del asesinato a los Mossos o bien se presentan en la comisaría más cercana para entregarse. Algunos expertos opinan que algunos deciden poner final a sus vidas para no dar la cara ante una sociedad que rechaza, ahora más que nunca, estas conductas.

SEGUNDA OPORTUNIDAD
El perdón de la mujer suele tener dependencia sentimental

Los agentes especializados en grupos de atención a la víctima maltratada saben que lo que más les va a costar, en esas conversaciones privadas que mantienen con las mujeres, es que estas rompan el vínculo emocional con su verdugo. "Muchas presentan la denuncia y hacen una pausa, en mitad del relato del infierno vivido, para afirmar que si su pareja cambiara y fuese el hombre que conocieron años atrás, volverían con él", afirma un agente de los Mossos. El consejo es que no den ese paso atrás, pero ni con toda la vigilancia del mundo se podría evitar que una mujer vuelva a vivir con ese compañero que la ha maltratado si es ella la que toma la decisión. Un perdón que muchas veces les cuesta la vida.

SEGUIMIENTO DEL CASO
Medidas para proteger a las mujeres que denuncian

La Conselleria d'Interior acaba de anunciar un plan para ganar en eficacia en los dispositivos para proteger a las mujeres maltratadas, una vez han denunciado el caso. Pero lo cierto es que, a nivel estatal, no acaban de funcionar esas medidas de protección –lo confiesan los propios juristas– por falta de medios y programas eficaces. Había, por ejemplo, un plan para repartir pulseras de obligado uso entre los hombres que tienen dictadas medidas de alejamiento. Si se acercan a la víctima, salta la alarma. Hasta ahora se han colocado muchos dispositivos menos de lo que estaba previsto.

CONTROL PREVENTIVO
Detectar el problema antes de que acabe en tragedia

Para la profesora de la Universitat de València Inmaculada Aroca resulta clave, para evitar "ataques y agresiones inesperadas", un control preventivo. Y aquí, asegura, deben colaborar todas las entidades y administraciones. "A la primera alerta hay que actuar. Es la única manera de ayudar a esa mujer, antes de que sea demasiado tarde. Ahora no creo que eso funcione", afirma.

EL MIEDO A DENUNCIAR
La mayoría de las mujeres muertas no había denunciado

Otro trabajo importante de los agentes policiales y servicios sociales es convencer a la víctima de que la denuncia contra su maltratador no significa una sentencia de muerte. Y las estadísticas son muy claras. Todavía son mayoría las mujeres asesinadas que no habían denunciado a sus compañeros respecto a las mujeres que murieron de forma violenta después de pasar por la comisaría.

¿Cuál crees que es el factor que más influye en la violencia de género? Gracias por participar Tu voto ha sido contabilizado Valores de tipo socio-cultural Económico (poder adquisitivo) Educación, formación académica Otro Valores de tipo socio-cultural Económico (poder adquisitivo) Educación, formación académica Otro poll_amp.error.message Encuesta cerrada. Han votado Personas

Ficha Técnica

¿QUÉ MARCA EL PROTOCOLO DE LOS MOSSOS CON LA VÍCTIMA?
La mujer que acude a una comisaría de los Mossos a denunciar es derivada, desde el primer momento, a un grupo especializado. Lo primero que se garantiza es la privacidad. Su versión sólo va a escucharla el agente que la atiende y que toma nota, de forma metódica, de todo aquello que narra la víctima. Es muy importante conseguir un clima de confianza y empatía, que la mujer detecte que su caso importa. En la mayoría de los casos se ofrece a estas víctimas la posibilidad de dictarse una orden de protección. Es el juez el que debe decidirlo y tiene un plazo de setenta y dos horas. Cada caso es un mundo, pero por norma general cuando una mujer entra en una comisaría para denunciar un caso de violencia a manos de su pareja tiene ya muy meditada esa decisión. Muchas acuden solas y, en caso de hacerlo acompañadas, la mayoría vienen con sus hijos. En caso de que el agente de los Mossos especializado en esta materia detecte que la mujer necesita otras ayudas, a nivel social, se le facilitan.
SALVADOR GONZÁLEZ. Mosso Grup Violència Dona Lleida
¿POR QUÉ MUCHOS DE LOS AGRESORES ACABAN SUICIDÁNDOSE?
Establecer un perfil psicológico del maltratador que acaba suicidándose no es fácil, porque la casuística es diversa; sí es posible identificar algunos elementos presentes en muchos casos. Uno de ellos es la vivencia que tienen del avance de la mujer en ámbitos hasta ahora reservados a los hombres. Esa igualdad la imaginan como un peligro y una pérdida de potencia que los infantiliza, los inhibe a veces, y despierta en ellos
el odio más profundo por esa pérdida del objeto poseído.
Esa dificultad tiene que ver con una idea no consciente de manera clara sobre su propia desaparición como sujeto. Para protegerse, proyectan esa desaparición y esa impotencia en el otro. Son ellas las que no saben ni pueden hacer las cosas bien y son, por tanto, objeto de desprecio, consideradas como desechos, y deben desaparecer o sufrir un castigo. Para que el agresor pueda sostener su realidad psíquica y social necesita esa disyunción entre su condición de sujeto (persona digna) y la del otro como objeto degradado.
JOSÉ R. UBIETO. Psicólogo clínico y psicoanalista
¿LA VIOLENCIA MACHISTA ES UN MAL DE LA SOCIEDAD ACTUAL?
La violencia machista no es universal. Tampoco es un fenómeno exclusivo de la sociedad de hoy, ni es en el actual contexto cuando ha tenido más incidencia, aunque sí hay mucha más conciencia y es más visible. Este tipo de violencia tiene raíces profundas de variada naturaleza, entre las que destacan las de carácter social, psicológico y biológico, que ponen atención en aspectos tan dispares como considerarla un desajuste social más, el resultado de trastornos de personalidad, o la agresividad masculina innata sustentada en razones hormonales y de mayor fuerza física. A pesar de la posible o discutible veracidad de estos argumentos, lo que es cierto es la innegable dimensión cultural de este fenómeno. La violencia machista es una manifestación privilegiada de una cultura tradicional patriarcal que sostiene que a los hombres, por el hecho de serlo, les corresponde la autoridad y el poder dentro de la pareja, y que tienen que mantenerlos aunque sea recurriendo a la violencia.
JORDI ROCA. Antropólogo de la URV

¿CUÁL DEBE SER LA RESPUESTA DE LAS ADMINISTRACIONES?
¿Se imaginan que los accidentes de tráfico fueran un problema social y que no lo fuera conducir bajo los efectos del alcohol? Entonces, ¿por qué la violencia de género es un problema y no lo es la desigualdad entre hombres y mujeres? Las administraciones deben liderar la respuesta para erradicar la violencia de género. No basta con enfrentarse a sus manifestaciones, el objetivo exige cambiar las referencias culturales para que los hombres no tengan argumentos y para que la normalidad no pueda ser el cómplice que atrape a las mujeres. Esa respuesta tiene un doble componente: la puesta en marcha de los recursos para atender a las víctimas y prevenir las agresiones; y la posición moral que transmite a la sociedad la idea de que esta violencia es un problema común, no sólo de las mujeres. Hay que seguir trabajando, con unidad, en la línea en que se ha venido haciendo. Lo realizado ha sido mucho, pero no es suficiente. Hay que mejorar la respuesta, sin dar un paso atrás, ni siquiera detenerse.
MIGUEL LORENTE ACOSTA, Ex delegado para la Violencia de Género
¿LA VIOLENCIA MACHISTA ES UN MAL DE LA SOCIEDAD ACTUAL?
La violencia machista no es universal. Tampoco es un fenómeno exclusivo de la sociedad de hoy, ni es en el actual contexto cuando ha tenido más incidencia, aunque sí hay mucha más conciencia y es más visible. Este tipo de violencia tiene raíces profundas de variada naturaleza, entre las que destacan las de carácter social, psicológico y biológico, que ponen atención en aspectos tan dispares como considerarla un desajuste social más, el resultado de trastornos de personalidad, o la agresividad masculina innata sustentada en razones hormonales y de mayor fuerza física. A pesar de la posible o discutible veracidad de estos argumentos, lo que es cierto es la innegable dimensión cultural de este fenómeno. La violencia machista es una manifestación privilegiada de una cultura tradicional patriarcal que sostiene que a los hombres, por el hecho de serlo, les corresponde la autoridad y el poder dentro de la pareja, y que tienen que mantenerlos aunque sea recurriendo a la violencia.
JORDI ROCA. Antropólogo de la URV

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